martes, 25 de marzo de 2008

El Guggenheim



Ante los cambios de la vida misma, hay cosas, elementos y costumbres que se quedan intactas en el tiempo. Y yo creo que los museos pertenecen a esta gama, se quedan ahí sin evolución alguna, aunque suene ignorante creo que son edificios aburridos donde vas a contemplar una o varias obras que te gustan pero el museo como tal no propone nada. Habría que cuestionar si esta es una de las razones por las que la gente deja de ir a los museos, yo no lo sé.

Sin embargo El Museo Guggenheim Bilbao es un ejemplo de proposición, obra del arquitecto americano Frank O. Gehry, constituye un magnífico ejemplo de la arquitectura más vanguardista del siglo XX. Desde que entras ya llama la atención la forma en que está diseñado, sus curvas sin ninguna línea recta, sus elevadores de vidrios y su interactividad. Es un museo que está en complicidad con la gente, no sólo vas, pones tus manos en los bolsillos y te dedicas a ver, no, aquí interactúas y te va provocando para que involucres sentimientos y sensaciones, y si no me creen, entren al laberinto donde están esas cazuelas gigantes. Por todo esto, el Guggenheim se está convirtiendo en uno de mis museos favoritos.

Por cierto, ahora hay una exposición de Surrealismo en donde está exhibida la casa de un mexicano en los Campos Elíseos de París. Esta casa excéntrica digna de una persona que no tenía en que gastar su gran fortuna, algo Surreal. Su nombre me parece que es Carlos de Beistegui.